VALORO ANDANDO: volver a la útera
Renunciar a lo que asfixia. Volver a mí. Redefinir el éxito con alma y materia.
Quiero escribir sobre lo bien que hace vivir en libertad. Vivir completamente y no a medias.
Libre de traiciones, de mentiras, de ese cansancio de sostener una versión “presentable” de ti.
Libre de ser la hija legitima de Dios, hecha a su semejanza.Hoy me atrevo —por fin— a encarnar lo que para mí significa vivir en gracia y valor.
Me atrevo, con fe, a renunciar a lo que me quita fuerza: lo que asfixia, lo que empequeñece, lo que me hace dudar de mi dignidad.Y sí… ha sido cautivante.
Porque ir en contra de lo establecido tiene un precio... olvidar que recibes constantemente regalos de Dios
La rebeldía no siempre se ve bonita
A veces fui rabia. A veces fui silencio.A veces preferí lamer mis heridas en privado antes que ponerlas al sol.Sin darme cuenta, caminé una renuncia material: quise despegarme de la imagen, del estilo, de la necesidad de valer por lo que se ve.Y en ese “soltar”, algo se ordenó adentro.Viajar sin planes, sin fronteras, sin domicilios…Sin ingresos fijos.Y a ratos, sin hablar el idioma del país donde vivía.Eso —que desde afuera puede parecer caos— fue, para mí, una forma radical de encontrarme a mi misma, siendo yo todo aquello de lo que renegaba.Mi “gurú” interior era una jueza con capa de villana
Por mucho tiempo, mi voz interna se parecía a una bruja de Disney: castigadora, sarcástica, exigente.
Me condenaba por haberme ido.
Por haber cambiado de país, de gente, de costumbres.
Hasta por haber afinado el paladar y el acento, como si la evolución fuera una traición.Con el tiempo, esa voz fue perdiendo espacio.
Y aparecieron oportunidades insospechadas: aprender a ser feliz con poco… y aun así saber darlo todo.
Fui soltando apegos innecesarios: la comodidad, el reconocimiento, ciertas lealtades sociales, los intereses superficiales.
¿qué personaje estaba yo interpretando? ¿qué necesidad profunda de vivir al extremo? ¿qué estaba yo manifestando?
Entonces, ¿por qué me perdí?
Durante años usé un discurso para justificar mi abandono personal: “me estoy expandiendo”.
Y sí, me expandía.
Pero también me estaba evitando.Hoy lo veo con más honestidad: yo quería libertad, pero todavía no sabía sostenerla.
Hay una libertad que no se anuncia en Instagram.
No es la libertad de “me fui de viaje” ni la de “me reinventé”.Es la libertad silenciosa de vivirte completa.
Mi definición de éxito (hoy, with out make up)
Para mí, ser “exitosa” no es una pose: es una alineación.
Éxito personal: abrir el corazón y recordar que la bondad existe.
Éxito interior: calmar mi sistema nervioso para manifestarme con verdad.
Éxito profesional: crear mi propio empleo y mi tiempo.
Éxito creativo: escuchar a la musa y producir belleza.
Éxito espiritual: estar alineada con lo invisible y callar la mente que enjuicia todo para tener razón.
Éxito material: ser independiente y financieramente sostenible, porque lo merezco y porque es mi derecho de nacimiento.
Y añado uno que hoy se me volvió ley:Éxito femenino es iluminar.
Tu cuarto. Tus libros. Tu casa. Tus vínculos. Tus amigas. Tus proyectos.Porque si no nos permitimos iluminar el lugar donde vivimos, nos perdemos la oportunidad de ser prósperas de verdad.Y este texto es para ti, mujer de 20, 30 (o la edad que sea), que un día miraste tu vida y pensaste:“Esto no se parece en nada a lo que soñé cuando era niña.”Respira. No estás tarde. Estás viva. Y hoy es el único lugar donde se puede volver a empezar.Mi acto de fe, diario, no es una frase bonita: es respiración.Es recordarme: somos un equipo. Mi corazón. Mi mente. Mi útera.Sí, quiero llamarla así: útera, en femenino.No solo como órgano, sino como centro creador. La que engendra, protege, sostiene, sangra, limpia, renueva.
La que dialoga con la luna, con la marea, con el ritmo invisible de la vida.
La útera no es “solo para ser madre”. Es para dar a luz de muchas formas: ideas, arte, decisiones, paz… y también fuego cuando toca.Y te hablo especialmente a ti que estás más conectada con amigos hombres (yo también estuve ahí).
A ti que aprendiste a sobrevivir “en modo racional”, fuerte, práctica, eficiente… pero a veces sola por dentro.
No es culpa. Es historia. Es adaptación.
Solo que llega un momento en que renegar contra Dios, contra la Matrix, contra “cómo debería ser todo” no te devuelve energía: te la drena.
La salida no es pelearte con el mundo.
La salida es volver al cuerpo.
Volver a la útera.
Volver a las mujeres.
Porque la verdadera abundancia no siempre llega como dinero o aplausos.A veces llega como esto:
- una conversación honesta con otra mujer,
- una mano en el corazón mientras respiras,
- un abrazo que baja el volumen del sistema nervioso,
- una tribu que no compite: sostiene.
Reconectar es simple (no siempre fácil, pero simple): acariciar tu vientre, tocarte con ternura, escucharte sin humillarte.
Y también buscar a las mujeres. No para que te aprueben, sino para recordarte quién eres cuando no estás en guerra.
Para ti, que estás al borde de una decisión :Si estás en ese punto donde ya no puedes seguir a medias: te entiendo, y te dejo una pregunta, para que este post no se quede en monólogo:
¿Qué es lo que más necesitas soltar hoy para vivir más libre (de verdad)?Te leo en comentarios. Aunque sea una línea. Aunque sea un suspiro con letras.Si este texto te habló, deja un 🕯️ o una palabra: libertad, valor, renuncia, gracia… Así sé que estás ahí.
Con mucho respeto por tu viaje , honro tu momento con devoción de hermana.
Fiorella de Lima
Sobre Fiorella:
Soy una mujer guiada por su alma desde siempre. No la busqué , me habitó desde niña.
Y desde entonces, vivo para encarnarla: en mis palabras, en el arte que creo, en los espacios que ofrezco a otras mujeres para recordar quiénes son.
Guío procesos íntimos donde la creatividad, el cuerpo y la ternura se entrelazan como medicina.
Este blog es mi espacio sagrado para compartir lo vivido, lo aprendido y lo revelado.




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